Rito de Iniciación

Me llamo Akito, a secas, y estoy muerto. Me gustaría contar la historia de mi vida con la esperanza de que alguien aprenda de mis errores.

 

En Yoshima nada es lo que parece. Bajo una capa fina de honradez y orden se esconde un submundo controlado por el crimen organizado de destrucción, caos y muerte que no deja escapatoria a quienes nacieron allí.

 

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Nací en Yoshima, Tokio, uno de los lugares más peligrosos de Japón en aquella época. Yoshima —o la ciudad que no duerme, como algunos la llamaban— estaba repleta de bares, moteles y clubes nocturnos en los que el crimen organizado, los residentes y los visitantes convivían de forma miserable. Desde que entrabas por la gigantesca puerta de madera por la que se accedía al barrio, el aire se hacía irrespirable. Los locales legítimos existían, eso era cierto, pero, bajo esa fina capa de honradez y decoro, emergía un submundo de violencia que no ofrecía alternativas a los que allí nacían. No importaba dónde fueras, siempre acababas en el mismo lugar: la miseria y la desgracia te perseguían sin descanso. Las señales de neón, la música infernal de los karaokes y los olores a aceite quemado de los restaurantes y bares abundaban. Y te recordaban en qué lugar te encontrabas.

Siempre había alguien esperando en un córner oscuro o detrás de un coche a que dieras un mal paso para presentar sus credenciales. Si alguna vez lo visitaras y cayeras en desgracia, no serías el primero, querido lector, que no salía vivo —recuerda mi ejemplo—, ni el último. La máquina del mal funcionaba las veinticuatro horas del día.

A principios del siglo veintiuno, una de las épocas más violentas que ha tenido Japón, dos clanes se repartían la mayoría de las ganancias de las actividades ilegales: los Tokunaga y, sobre todo, los Sakaguchi-Ito. La tensión entre ellos siempre fue una constante, aunque los últimos tiempos se caracterizaron por una relativa armonía que beneficiaba la buena marcha de sus negocios. Existían también bandas de malhechores de poca monta que operaban por su cuenta — siempre con el permiso de los primeros—. Entre todos, gozaban del control de la ciudad. Nadie daba un paso sin su aprobación, y el incumplimiento de sus reglas no escritas te podía llevar al cementerio.

En cuanto a la organización interna de estos clanes o familias, como a ellos les gustaba llamarse para dar la impresión de honradez, se cimentaba de manera jerárquica en la figura de un oyabun, o sea, un líder. La relación que tenía con los miembros era del tipo paternofilial, y su poder se asentaba en los kumichos, o subjefes encargados de ejecutar sus órdenes. Cada uno de ellos se ocupaba de una zona, donde operaban de manera independiente, siempre y cuando contribuyeran a la economía y siguieran las órdenes de la cadena de mando. A un nivel inferior, se encontraban los contables, los consejeros y los soldados, que hacían el trabajo sucio, como las peleas, los ajustes de cuentas o los asesinatos.

La concordia entre los miembros se basaba en el respeto a la tradición, la unión y la disciplina. No se escatimaban represalias para aquellos que no respetaban estos valores. En esos casos, poco frecuentes, o bien desaparecías de la faz de la tierra, o terminabas con un puñal clavado en el pecho en una cuneta. Espero que se haga una idea de la calaña de los personajes con los que me enfrentaba.

Durante los primeros once años de mi vida, viví con mis padres y mi hermana en una casa infecta cerca de un famoso restaurante del barrio. Nuestra existencia era complicada: mi madre ejercía la prostitución en un local del distrito rojo, y había días que no regresaba a casa. Dormía borracha y drogada en cualquier portal, y su débil cuerpo se consumía por momentos. Le diagnosticaron un cáncer en el páncreas y estuvo internada durante alguna etapa en un hospital cercano, pero volvió a la calle y a la mala vida cuando se recuperó. Fue el detonante final de mi decisión de alejarme de ellos. Ya no aguantaba más su decadencia, y presentí que yo acabaría en un pozo idéntico si continuaba así. Y, lo que era peor, afectaría a mi hermana Umiko y me la llevaría conmigo a los abismos. Ella era el cordón umbilical que me ataba al mundo civilizado; sin ella, mi vida no tenía sentido, y dañarla era destruirme. Meses después de abandonarlos, me enteré de que mi madre desapareció y nunca más se supo de ella.

Mi padre era un alcohólico que pasaba la mayor parte del día en los bares. Durante las horas de embriaguez en casa, su deporte favorito era azotarnos hasta el agotamiento. La aparición de la sangre lo tranquilizaba tanto como el alcohol. La atmósfera irrespirable de Yoshima los envileció tanto que sus comportamientos se asemejaban más al de animales que al de seres humanos. Los pocos amigos que teníamos nos dieron de lado al enterarse de sus actuaciones. Incluso los alumnos de la escuela a la que asistía me evitaban, tanto dentro del recinto como fuera. No les permitían juntarse con nosotros. Pero no me hacía falta nadie, me recreaba en mi propio mundo de fantasía, donde abundaban los personajes infames, pero Umiko sufría al verse aislada.

Y pasaba algo semejante con nuestros parientes. Nos visitaban al principio, pero dejaron de venir con el tiempo. Tan solo uno de mis tíos, un tipo huraño, se pasaba de vez en cuando, y se burlaba de nosotros porque vivíamos en la indigencia. Su esposa era una señora anticuada, que prefería ignorar el carácter grosero del esposo, y que siempre aparecía con la misma ropa carcomida y con zapatos desgastados. Tenían dos hijos, con los que pasábamos horas jugando con los escasos juguetes de que disponíamos: un caballito y unas pistolas de plástico. En una ocasión, oímos rumores de que mi tío estuvo a punto de ingresar en la cárcel debido a negocios turbios. Pero, como siempre pasaba, el que tenía dinero se libraba de pagar por sus vilezas, y solo los pobres sufrían las injusticias de la vida.

Como decía, una de las razones para subsistir en aquel tugurio que llamábamos casa era mi hermana, un ser celestial que por error recabó en la Tierra. Tenía la cara de un bello espíritu y era incapaz de lastimar a nadie; era lo opuesto a mí. Al principio, la ilusión de mantenerme junto a ella era superior a los actos depravados de mis progenitores. Pero llegó un momento en el que no pude resistir y los abandoné. Lo llevaba planeando hacía meses, pero no se lo dije a ella. Un día, salí temprano de la casa con Umiko y, como cada mañana, nos dirigimos a la escuela. En el primer recreo del día, y aprovechando que ella tenía un horario diferente, me escapé por el agujero de una verja en cuanto los maestros al cuidado me dieron la menor oportunidad. Durante horas, vagué en busca de un lugar donde pasar la noche. Además, hacía frío y no había comido nada. Me encontraba al borde de la desesperación cuando, al girar en una esquina, me di de bruces con una persona.

—¿Qué haces en este lugar, chico?

El susto que me llevé fue tan grande que me paralizó. Era como si hubiese visto al mismo diablo. Alguien con el pelo largo y lacio se escondía detrás de unos harapos grasientos. Debido a la mugre que le cubría la cara, era imposible determinar su edad, aunque daba la impresión, por el tono de voz, que pasaba de los sesenta. Cuando volví al mundo de los vivos, lo esquivé y salí corriendo, pero el viejo, que andaba bien de reflejos, me atrapó.

—No te asustes —dijo con una serenidad que parecía venir de ultratumba.

El mendigo clavó unos hermosos ojos verdes en mí, de la misma forma que un ilusionista hipnotizaría a una serpiente. Y un aura de bondad recubrió su cuerpo delgado y huesudo. Me tomó de la mano y, después de unos minutos caminando, llegamos a una especie de chabola con una puerta hecha de tablas, los tejados hundidos y una lona que cubría un diminuto patio. El lugar, que olía a excrementos acumulados durante años, daba una pobre impresión. Las paredes, o lo que quedaba de ellas, se caían a trozos encima de un colchón roído y sucio. No había hornilla donde cocinar, ni baño en el que lavarse. No había nada que no fuera escasez y basura. Me temí lo peor, pero, para mi sorpresa, el anciano me ofreció una taza de té caliente y un cuenco de arroz.

Desde ese instante, viví con él hasta su muerte, unos meses después. Hice trabajos menores para sus amigos y, con el dinero que recibí, alquilé una casa modesta. En aquel escondrijo, soñaba que conquistaba el mundo. Surcaba el barrio enfundado en mi kimono y, con una catana en las manos, ajusticiaba a los buenos y negociaba con los malos.

A medida que crecí, mi carácter reflejó los defectos y perversiones de mis progenitores. Estaba seguro de que con el tiempo me volvería más canalla que ellos, y así fue. Desde edad temprana, me convertí en un monstruo. Mi sueño era pertenecer al hampa, estar en un hogar de verdad, que me protegiera y a la que mostrar mi valía, mis ganas de prosperar y, quizá, de probar mis dotes para dirigirla algún día. El odio que ya me embargaba iba en todas las direcciones, y sabía que en adelante solo se calmaría con sangre. Fui una persona despreciable hasta el último instante de mi existencia.  La única duda que me asaltaba era hasta dónde estaría dispuesto a llegar para conseguir mis sueños. No tenía la respuesta a esa pregunta, pero sabía con certeza que lejos.

La pena que me inundaba y el dolor que sufrí durante años se acumulaba en mi pecho. Y era una carga pesada de llevar. El daño que nuestros padres nos infringieron traspasó todos los límites de lo humano y lo divino. Y, por si eso fuera poco, la brutalidad de la calle nos dio la estocada final. Con esas experiencias amargas, con esa presión que ya me dominaba a temprana edad, estaba dispuesto a todo, nada parecía fuera de mi alcance. El cielo era mi único techo. De eso estaba seguro. Y no tardaría en irme hacia él.

Todo lo que me aconteció fue merecido.

La espera se eternizaba, y no veía el momento de empezar a cometer fechorías, hasta que el día llegó. Una tarde lluviosa, paseaba cerca de casa y, por la razón que fuera, me acordé de mis padres. Los pensamientos eran contradictorios: si bien era cierto que no me arrepentí de dejarlos, me entristecía el hecho de la nueva vida en soledad que me esperaba. El matrimonio no era para mí, y no quería destruir a ninguna otra familia, como hicieron ellos con el falso pretexto de los hijos y una vida en común. Y vivir con Umiko no era una opción: arruinaría su futuro para siempre. La muerte era preferible a verla en esa posición.

Un día, por la acera de enfrente y a lo lejos, venía un chico mayor que yo. Buscaba algo el interior de los vehículos, aunque en esos momentos no entendí lo que pasaba. Maldecía entre coche y coche hasta que llegó a mi altura. Nada más verle el rostro, comprendí que el episodio no acabaría bien. Su gesto mostraba el desprecio de una persona que se creía superior. Dio dos pasos hacia mí hasta que estuvimos enfrente.

—¿Cómo te llamas? —preguntó altivo.

—Akito —contesté mientras tragaba saliva.

El joven, que era más alto que yo, se abalanzó sobre mí e intentó agarrarme, pero me eché hacia atrás con un movimiento ágil de piernas. Me persiguió hasta arrinconarme en un aparcamiento vacío rodeado de muros de cemento y me lanzó un puñetazo a la altura de la cabeza, que esquivé con suerte, pero que me dejó con poco espacio para maniobrar.

—Dame tus zapatillas —dijo en plan matón de barrio.

E intentó de nuevo golpearme. Me agarró el brazo, y me dio un empujón contra la pared. El impacto fue tan fuerte que casi perdí la conciencia. Decidí levantarme, pero lo que conseguí fueron dos puñetazos en la cara. Aterrorizado, pensé que moriría.

—¡Déjame! —grité con la fuerza que me dio la desesperación, pero no respondió.

Me cogió por la camiseta, me levantó y, con la cara pegada a la mía, me gritó, mientras me escupía.

—¡Niñato!

Me llevé la mano derecha a la nariz para contener el reguero de sangre que salía, y alcancé con la izquierda una navaja que tenía en el bolsillo trasero de mi pantalón. Hice un movimiento rápido con la muñeca para abrirla y se la clavé en el muslo. El chico cayó de rodillas, retorciéndose de dolor e intentando contener la sangre. Aproveché para alejarme del lugar y corrí hasta la extenuación. Miré hacia atrás, lo vi todavía en el suelo y oí sus gritos de agonía desde la distancia. David había ganado a Goliat.

Horas más tarde y ya en mi casa, sentado en un sofá viejo, reflexioné sobre el incidente. Me sentía orgulloso de mi comportamiento, y pensé que mi carrera criminal comenzaba con éxito.

       

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Respuestas

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  1. Un capítulo de introducción que promete. Me ha enganchado desde el principio y quedo a la espera para poder continuar con esta aventura.

  2. Conociendo a Diego y su amor por la cultura japonesa, no me extraña la clasificación de la “marginalidad”, magnífica, ni la amargura que destila Alito. Me compraría la novela con los ojos cerrados!

  3. Después de leer este primer capítulo de Rito de Iniciación, estoy muy interesada en seguir leyendo el resto del libro. El autor ha sabido presentar el personaje principal de una manera muy detallada. Uno siente una conexion con el personaje y uno quiere continuar conociendo qué le sigue deparando en el futuro.
    Asimismo, el autor ha sabido presentar el lugar donde se va a desarrollar la historia muy bien. Leyendo este capítulo me he sentido que imaginaba el lugar con perfecto detalle, como si estuviera viendo una pelicula.

  4. Buen comienzo. Te deja con ganas de más. Quiero conocer a ese personaje tan contradictorio que quiere encarnar al mal mientras se separa de la hermana para no dañarla. Se lee con mucha facilidad, es una escritura ágil. Contribuye a ello el uso de frases cortas que dotan al texto de rapidez e imprimen un ritmo trepidante. Sin duda, quiero seguir leyéndolo.

  5. Me ha gustado mucho e interesado este fragmento de la novela Rito de iniciación, me ha dejado enganchada y me hubiera encantado seguir leyendo y ver como se desenvuelve el personaje y su trayectoria.
    He leído todas las novelas de este autor, Diego Uribe, y veo como ha ido creciendo como escritor con cada una de ella.
    Enhorabuena y mucho éxitos con esta nueva novela!!

  6. El comienzo de esta novela es muy impactante despierta la curiosidad del lector. Los que hemos tenido la suerte de viajar a Japón y vivir unos días en Tokio nos alegra volver a esas calles concurridas y poder vivir la aventura y emociones del personaje Akito.
    Espero con impaciencia los siguientes capítulos!!!!!!!!!!!!!!!!!

  7. Historia muy interesante, con manejo de la intriga por parte del autor que engancha desde el primer párrafo, me encantará seguir leyéndolo. Recomendable este autor, no lo conocía y me ha “maravillado”

  8. Un libro trepidante, mantiene la intriga durante todo el relato. Ambientado en un pais donde no todo el mundo sigue el camino de Bushido. Permite al lector conocer los entresijos del crimen organizado de la época.
    Recomiendo su lectura.

  9. Me ha sorprendido la capacidad para el detalle. Las descripciones son precisas y al mismo tiempo hacen que el lector se sitúe como si conociera la escena.

  10. Que una novela comience presentándose y declarando que está muerto, me crea muchísima expectación.

    No he leído mucha literatura japonesa porque me han faltado propuestas potentes como esta, y debo reconocer que la descripción que Diego comienza haciendo de los bajos fondos de Tokio y la presentación de las dos «familias» más importantes de la ciudad, me tienta bastante. Me he visto caminando por este ambiente de marginalidad y me he quedado enganchada a Akito. Quiero saber hasta dónde llega. Hacia dónde va. Si gana al monstruo o se convierte en monstruo.

  11. No seduce todo el que quiere, sino el que tiene capacidad para concentrar la atención hacia un submundo del que casi todo está contado, pero no a la manera de este autor, que atrapa al lector en esta entrega a la que auguro otras para deleite de los amantes de este género literario
    en el que abundan historias ricas y complejas, reales y de ficción, dispuestas a hacernos pasar un buen rato.

  12. La historia empieza muy bien y te deja con ganas de saber más. Cómo pega diría que en el momento que describe como funcionan los clanes se hace muy espeso, muchos datos que a lo mejor se podrían explicar en otro momento

  13. Una introducción a la historia muy muy interesante, la verdad. Realmente levanta el interés del lector por la forma en que están descrito los sucesos. ¡Con ganas de leer más capítulos!

  14. Un fantástico inicio de novela poniéndonos en situación con una descripción tanto del entorno como de los clanes criminales y su familia. Nos hace un dibujo de la situación que casi no hace falta imaginación.
    Pero se me ha hecho raro que narre toda su historia ya estando muerto.
    Me gustaría saber más sobre este personaje tanto su historia personal como hasta donde llegará en su escalada criminal hasta su muerte.
    Muy buen inicio.

  15. Un capítulo muy atrapante con un modo ligero de escribir, me encanta que junto a cada término japonés haya una pequeña definición para saber qué significa cada palabra.
    Empieza muy interesante y las descripciones no aburren.
    Me está gustando mucho el inicio de esta historia.

  16. Me ha gustado este primer capítulo y me ha removido sentimientos de por qué el personaje hace esto o lo otro y eso solo lo consigue un buen libro.
    Es fácil de leer y se entiende perfectamente cada término en japonés. A mí personalmente me ha intrigado y eso que he leído muy poca novela japonesa. Me encantaría seguir leyendo y saber cómo sigue la historia.

  17. Me ha gustado mucho el comienzo de la historia, como está descrita. El que esté contada en primera persona hace que te metas dentro al instante. Estoy deseando conocer cómo sigue.

  18. Un primer capítulo que plantea muchas cosas pero del que aún no se sabe demasiado.
    Quizás no enganche de primeras pero si deja con la sensación de que hay mucho que explorar y me parece muy interesante que sea el propio protagonista quien narre desde algún punto en el futuro.

  19. Excelente forma de enganchar desde la primera línea. Me quede 😳

    Cada palabra y escenario muy bien estudiado, escogido y diseñado en lla estructura de este primer capitulo.

    Si bien es una iniciación del libro “Rito de Iniciación”, una se queda con la curiosidad de saber que pasara después y más con el spoiler inicial.

    Excelente escritura y narración 👏, primera vez que leo algo del autor de este libro. 🤭

  20. Me parece una historia que puede ser muy atrayente en todos sus aspectos, a pesar de que su primer capítulo trae demasiada información de golpe para el lector, pero yo si lo seguiría leyendo para conocer más la historia de nuestro amigo Akito.

  21. A mi me a gustado este primer parte de la historia. Deseo más! Cada vez que leo la literatura De Diego Uribe me sorprenden de lo bueno que es con la lápiz y papel.

  22. Me parece un principio impactante, al igual que Crónica de una muerte anunciada de Garcia Marquez.
    Me lo compraré en cuanto pueda, pues me gusta la trama y soy seguidora de Diego Uribe desde que lo descubrí.

  23. Conseguirá Akito su sueño de ingresar en la mafia japonesa??, como será su proceso?? El título, “Rito de iniciación” invita a seguir la dura historia de este joven japonés y conocer si alcanza su objetivo. Imprescindible leer la novela para conocer el desenlace

  24. Un buen principio.
    El capítulo logra engancharte y hacer que quieras saber más.
    Nos introduce en el mundo de los bajos fondos, donde todo puede pasar, donde la inocencia se pierde pronto.
    El hecho de que sea el propio protagonista el que nos cuente su historia en retrospectiva hace que aumente el interés por saber todo lo que le ha pasado.

  25. El primer capítulo ya te deja con ganas de seguir leyendo y saber más.A mi la historia ya me tiene atrapada,es ágil,me gusta como describe los lugares y como vamos conociendo al protagonista.Me gustó mucho lo que leí hasta ahora.

  26. Fuerte inicio de la novela. Historia impactante que hace que quieras seguir leyendo.

    Pluma ágil de fácil lectura. Primer capítulo muy bien estructurado.

    Deseando leer el siguiente.

  27. “Me llamo Akito, a secas, y estoy muerto.” No se porque, pero esta frase inicial ya me ha metido muy de lleno en la historia. Creo que estamos ante una novela oscura que me recuerda mucho a un anime que vi hace poco que también trataba de bandas japonesas callejeras. Me ha resultado muy interesante este primer capítulo y personalmente le veo potencial para ser una gran historia. Me encantaría poder leer más y descubrir que le pasa a Akito y también cómo afectará a su hermana.

    1. La idea de la primera frase la tomé de un libro, no recuerdo cuál, de Arturo Pérez-Reverte, en el que presenta al personaje principal en la primera línea, pero yo le di una vuelta de tuerca mórbida y, además, incluí el ¨a secas¨ para emfatizar el hecho de que no tenía una familia detrás, solo a su hermana, que era la encarnación del bien en la tierra, todo lo contrario que él. Gracias

  28. Con el primer capítulo ya promete está historia, se me ha quedao corto.
    Ya solo la primera frase cala hondo. Espero seguir leyendo más!!

  29. Este primer capítulo de introducción me ha parecido interesante, donde vemos que el personaje que nos narra la historia está muerto y nos cuenta su pasado y todas las penurias por las que ha pasado. Con ganas de saber más de la historia.

  30. Empezar diciendo que estás muerto ya es como para dejarte con la boca abierta. A partir de ahí no decrece el interés, al contrario, quieres más. Deseando leer el libro

  31. Me fascina un personaje que busque el mal. Es súper original usar esto como argumento, alguien esforzándose en la depravación. ¿Qué personalidad hay detrás? Quiero saber más.

  32. Es la primera vez que leo algo sobre tradiciones de la mafia japonesa y me ha gustado. Capítulo corto, quiero seguir leyendo.

  33. Creo que nunca leí novela japonesa pero este capítulo me enganchó desde la primera frase.
    Además me gusta como define cada término en japonés.
    Deseo leer el siguiente capítulo 🫶

  34. Es un primer capítulo muy atractivo, lo único que no comprendo del todo es el vagabundo, pero dada la calidad del texto, casi pasa desapercibido y probablemente se desarrolle mas adelante. Me enternecen los sentimientos del protagonista con su hermana, espero con impaciencia el siguiente capítulo!

  35. Me ha resultado una historia fascinante. El protagonista Akito, con su niñez en familia disfuncional en medio de una zona bajo el control del Hampa, captura al lector desde el comienzo.
    Solamente con leer la introducción ya queda uno enganchado y con curiosidad por saber los devenires del protagonista Akito y demás personajes maléficos.

    1. Gracias María,
      Me costó definir su persona mucho. Creo que los flashbacks, consejo de una lectora beta, la ecutoriana Paula Sesmo, modelaron el personaje bastante bien. Le agradezco su comentario.

  36. La historia parece muy interesante. Se disfruta y se lee muy bien. Me voy con ganas de leer más. Para cuando el resto de capítulos?

  37. A ver, la historia está bien, se lee rápido y para mí es un punto que esté en primera persona porque me gusta mucho ese estilo de escritura.
    Tiene muchos nombres japoneses que igual más adelante se te puede olvidar, pero es una historia que te deja con ganas de más.
    Quizás se le puede añadir algún tipo de glosario o algo así para quien no sepa de la cultura japonesa.
    Por lo demás con ganas de saber más.

  38. Está introducción inicial a la novela nos describe inicialmente la vida del protagonista como desde joven ya está sufriendo por los padres que le ha tocado. Tiene muy buena pinta la novela, deseando saber más de ella.

  39. He leído los libros anteriores de Diego Uribe: “Yo el asesino”- novela negra-, y “Historias Japonesas de Muerte”.
    Diego es un maestro del suspense. No me cabe duda de que este otro libro va a ser igual de impactante que los anteriores. Enhorabuena por este grandísimo trabajo.

  40. Como amante de Japón hay que decir que describe muy bien su cara mas oscura, esa marginalidad que puede haber en ciudades como Tokio y sienta unas muy buenas bases para el desarrollo de la historia…dejandote con ganas de más. Me ha gustado el detalle en el que se dirige directamente al lector ya que te incluye en el relato fe alguna manera. Espero que se pueda leer pronto un trocito más.

  41. Me ha transportado al Japón que conozco en las películas, la trama de las “mafias” tiene muy buena pinta creo que la describe muy bien y puedes sentir el conflicto entre bandas. Es un primer capitulo introductorio que te deja con ganas de saber más de la historio de Umiko y Akito.

  42. Un primer capítulo extraordinario, con descripciones muy detalladas que permiten al lector adentrarse fácilmente en esta novela.
    Estoy muy intrigada con esta historia.

  43. Desde la primera frase del capítulo disfrutas de una perfecta introducción al entorno y te posiciona casi en primera persona o en un espectador de lujo frente a lo que está relatando el autor.
    Magnífica introducción.

  44. Estilo y lenguaje poderosos y efectivos, creando una atmósfera envolvente que sumerge al lector en el oscuro y peligroso mundo de Yoshima desde la primera línea, haciendo que sintamos la desesperanza que caracteriza la vida de Akito.

  45. Muy buen principio y toma de contacto con el personaje principal. Nos comunica su situación sin extenderse demasiado y nos promete situaciones arriesgadas.

  46. Muy interesante el primer capítulo. Además explica bastante bien el contexto y no de va por las ramas.
    Con ganas de saber que va a pasar ahora con akito.

  47. Si bien me leería el libro, este primer capítulo me resulta muy acelerado, necesitaría que se detuviera más en contar los detalles, presenta el personaje principal pero, en mi caso, no llego a conectar. Evidentemente no soy crítica literaria pero esta es la sensación con la que me he quedado. Gracias por permitir el acceso gratuito a este primer capítulo.

  48. Me parece un comienzo muy atractivo para un libro. Resulta fácil de leer y es tan descriptivo que eres capaz de visualizar los suburbios en los que transcurre la historia.
    Me gusta porque presenta a un personaje gris, desesperado por mantener a su hermana a salvo mientras él se adentra en el peligro.

  49. Un comienzo muy dinámico para la historia, definitivamente con ganas de seguir leyendo. El estilo es muy ágil y se lee con facilidad. Tengo la impresión de que Akito no solo trata de convencernos a nosotros de que era un monstruo, sino también a sí mismo.